Sección Literaria | sanarate.com

Ave sin Viaje
Autor: Ricardo Hidalgo Búcaro
( 3er. Lugar en Prosa, Primeros Juegos
Florales "Alba Barrios Archila" Sanarate, Noviembre de 1987.)



I
Las Candelas llameantes rezaban lágrimas de cera. Solas. Calladas. Los pabilos radiantes alumbraban el rostro de la virgencita del pueblo Las Ilusiones. La virgencita se encontraba presa tras el escaparate de agua sólida. A la diestra cargaba a su pequeño hijo, el niñito Jesús. Como era época de navidad, varios feligreses se postraban ante ella suplicándole bendiciones y rogándole por sus pequeños, para que les hiciera el milagro de tener un juguetito para Nochebuena. La virgencita parecía escucharles, pues su dulce sonrisa concordaba con la del niñito Jesús, pues éste con sus manitas extendidas trataba de agarrar las súplicas. La virgencita tenía una corona de plata en la cabeza; igual la del niñito. La túnica azul turquesa estaba bordada de oro, y sus ojos como mar eran dos valiosos zafiros, igual como el niño. La iglesia quedó vacía. Cerraron las puertas y todo quedó en silencio... Sólo las candelas seguían llorando cera. La noche estaba limpia con ojos de luceros y un frío tremendo traspasaba los huesos...



II
Las vitrinas de la ciudad estaban llenas de regalos: aparatos eléctricos sofisticados, juguetes, ropa, etc. Faltaba otra noche para navidad, y entre el gran gentío, iba una hermosa prostituta con cara de virgen triste, mirando las vitrinas. Vestía sencillamente elegante un vestido negro. Iba un poco ebria, pero no se le notaba. Como vivía sola, no tenía a quén darle un regalo. Pensó en "chusito", el hijito de su vecina que eran muy pobres, y buenos con ella. Entró en un almacén, pidió un regalito y lo metió en la bolsa que le pendía del hombro. Siguió caminando entre el hormiguero de gente. Muchos ojos la miraban, pues su cuerpo de palmera mecía las cabezas de los transeúntes, sin notársele lo que verdaderamente era. Cansada. La soledad arrastrábale sin meta fija. Entró en un elegante restaurante. pidió una bebida alcohólica y empezó a fumar. Unos señores elegantísimos la miraban desde el frente de su mesa, parecían importantísimos, pues tenían quien les cuidara la espalda. Después de un buen rato, se escucharon varias detonaciones. Se volvió un relajo. Ella se tiró al suelo, y los señores elegantísimos cayeron heridos de muerte en el piso. Los que dispararon, capturaron a los que allí se encontraban, y se la llevaron a ella. La encerraron en un cuarto pequeño. Era una habitación muy rara. Parecía prisión con barrotes, --pero no lo era--. Tenía una ventanita que dibujaba un pedazo de cielo negro con un ojo plateado. Sólo ella se encontraba. Alrededor de su pequeña prisión no pasaba nadie. Ella no comprendía por qué la habían encerrado. Lo curioso era que las personas que la agarraron, no tuvieron tiempo de registrarla, y con todas sus pertenencias se encontraba allí.

La luna blanca chorreaba hilos de plata entre los barrotes de la ventanilla, alumbrándole su carita de virgen triste. Lloraba en el rincón de la celda. Pasaron horas y nadie se asomaba. Desesperada empezó a llorar, a gritar; pero nadie se asomaba. La noche seguía limpia con ojos de luceros, y el frío tremendo comenzó a helar almas... La albura bostezó trinando. Pájaros de papel comenzaron a deletrear coros. Ella, con ojos húmedos, vio un límpido cielo a través de la pequeña ventana con barrotes. De nuevo comenzó a llamar y gritar, pero nadie contestaba. ¿Podría haber tanta maldad que la dejarían allí sola sin explicarle el por qué de su encierro?... ¿Por qué no, al menos, la interrogaban? ¿O se olvidaban totalmente de ella? La tarde llegó como cola de gallo anaranjado, barriendo las travesuras del día. Antes que anocheciera, un hermoso y extraño pájaro, chocó entre los barrotes de la ventana y cayó dentro de la celda. Su plumaje era de varios colores: azulrojo, verdeamarillo, tornándose a veces en violeta, celeste o dorado. El pico parecía un trozo de oro. La cola semejaba un abanico de colores inefables y las patas eran como raíces de cristal. Jamás se había visto un ejemplar tan hermoso. Era como ver un pájaro de fuego o de cristal, arrancado de la página de algun cuento.

La prostituta lo recogió con cierta pavidez. Lo acarició después y vio que las dos patitas estaban quebradas. Arrancó un pedazo de su vestido negro, amarrándole cada patita. El pajarillo temblaba inconsciente. El disco plateado asomó su rostro coqueto y penetró de nuevo en la pequeña prisión. Ella lloraba. Entre sus túrgidos pechos acariciaba al animalito, que era lo único que le acompañaba. Empezaron a oírse cohetillos esporádicos que los niños queman alegres. Luces de colores explotaban en el cielo. La navidad llegaba... era Nochebuena... Una lágrima gruesa de sus ojos cayó en la cabecita del pajarillo, éste, despertó y reaccionó. La prostituta dibujó una sonrisa y lo acercó a su rostro. El extraño pájaro con los ojitos tranquilos, la miraba como agradecido. Ella lo colocó en el frío piso para ver si podía caminar. Al principio "renqueaba". Más tarde caminaba mejor. Después lo subió en la ventana para que volara, se fuera, pero allí se quedó.

--No quisiera irme, sin antes hacer algo por ti...-- le habló.

La prostituta se le quedó viendo. Era extraño que un pájaro le hablara. Pensó que era parte de su imaginación. Quizás se debía al tiempo de estar encerrada y de no probar alimento alguno.

--No temas. Quiero ayudarte... --Pero... ¿Cómo puedes ayudar si eres tan pequeño...? --Con voluntad y esfuerzo, hasta el más insignificante puede hacerlo, no mires solo lo de afuera... mira lo de adentro...

Ella meditó. Al buen rato reaccionó y sacó el regalito de su cartera.

--Sabes, tengo un regalo para un niño. Se llama "Chusito". El es pequeñito; pero deseo dárselo porque hoy es navidad.

--¿Podrías hacerme el favor? El vive con su mamá en la casa 36 del pueblo "Las Ilusiones.

El pájaro hermoso agarró con sus patas el regalo y emprendió su vuelo. Ella empezó a llorar en silencio. Al poco tiempo regresó el pájaro. Le contó como era el niño, diciéndole que lo había dejado en la mesa, sin que nadie se diera cuenta.

-- ¿Me puedes hacer otro favor...? -- Los que desees...

-- Mira, afuera del mismo pueblo, en la entrada, hay una pobre anciana que vive sola. Llévele este dinero y déjelo cerca donde lo pueda ver. Quizá no es mucho, pero le servirá de algo...

Arrancó un pedazo de su vestido negro. Amarró el dinero y se lo dio al pájaro como de fuego. Este salió de nuevo. Al buen rato regresó y le dijo, incluso, cómo se llamaba la anciana, y que él, se dio cuenta de lo feliz que se sintió al ver el dinero que parecía un milagro, y se lo debía a la virgencita y al niñito Jesús de la iglesia. El pajarillo titiritaba de frío. Ella volvió a hacer jirones su vestido negro y se quitó anillos, reloj, gargantillas, aretes y todo lo que llevaba encima, así como lo poco que estaba en su bolsa. Se disculpó de nuevo con el hermoso pájaro. Envolvió todo el pedazo de vestido y le suplicó que se lo llevara a la lavandera del pueblo, pues ésta era viuda y contaba con ocho hijos. El pájaro salió de nuevo. Esta vez tardó un poco más, pero regresó temblando de frío. Ella lo tomó en sus manos acurrucándose con él para darle calor. Al rato reaccionó.

-- Perdóname, pero afuera hace mucho frío. Me duelen las patas y así no puedo volar... casi es medianoche... algo explotó en mis alas...

-- ¿Puedes... hacerme otro... favor...? --dijo tímidamente. -- Bueno... claro, pero déjame descansar un poco más...

Ella no se había dado cuenta que una de las alitas del pajarito sangraba. Tal vez algún cohete le estalló cerca y eso era lo que él había dicho cuando se refirió a la explosión en las alas. Sacó de la bolsa, el único frasco de perfume que tenía. Con otro pedazo de su vestido, mojó las alitas, limpiándose la sangre. La noche vestíase de plenilunio, y el frío tremendo traspasaba los huesos del alma.



III
La iglesia seguía en silencio. La virgencita y el niño Jesús sonreían. De pronto dos figuras entraron por la ventana. Rompieron el escaparate de vidrio y comenzaron a robar la corona, los ojos de zafiro, la túnica y todo lo que tenían encima ambos. Iban a cargar con ellos, cuando escucharon ruidos. Salieron corriendo. Las candelas lloraban sangre de cera, iluminando a los Santos... desnudos...



IV
-- ... Está bien, te haré otro favor, pero que sea el último. No es que no desee ayudarte. Mis patas me duelen mucho y... como ves, mis alas están heridas... además, el frío me mata y no quisiera morir de eso...

La prostituta comenzó a desnudarse. Su escultural cuerpo como guitarra tocaban cuerdas al alma. Hizo un bulto todo y se lo dio al pájaro.

-- Quiero, por favor, que lleves ésto al corredor de la estación. Allí se encuentra una señora... me dijeron que es mi... madre... pero... una vez fui con ella y me dijo que nunca me había visto ni tenía hijos, máxime como era yo de pros... me negó, me insultó y me mandó al carajo. Dijo que prefería ser ella, como es, y no tener basura como yo. Déjalo cerca de ella porque sé que no aguantará este frío.

-- ¡Pero no lo hagas! Tú también vas a morirte de frío. Te vas a resfriar. Esta, como celda, parece hielera y no soportarás más, además... Ella gemía en silencio. La luz de carne, alumbraba su cuerpo plateado.

-- Me despido de ti de una vez. Estoy acostumbrado al clima cálido y el frío me hace daño. No sé cómo entré a este lugar. Iba de paso; por lo visto parece que tropecé con algo y tú me salvaste... Pero no temas, voy a hacerte el favor, pero después iré a ver dónde paso el resto de la eterna noche.

Ella seguía gimiendo en medio de la celda a cuclillas. Su cuerpo vegetal irradiaba lampos de colores. La luna se transformó en celda, inundándole con una música mística. El pájaro de colores comprendió todo, se le quedó viendo un rato y se marchó.

Sonaron campanas de palomas, cohetes, bombas y luces en el cielo, entre olor de pino, incienso, manzanilla y calor humano; mientras, alguien, en un rincón del universo lloraba; otros lloraban con gritos de alegría. Brindaron estrellas y cayeron borrachas en la copa negra de la noche buena.



V
Era navidad. Un nuevo día desplazaba la ebriedad de la noche. Hora de misa. Los feligreses de la iglesia del pueblo Las Ilusiones, se quedaron estupefactos. La virgencita se encontraba en el escaparate intacto, sin rajadura alguna, pero amaneció sin corona, con las cuencas vacías donde otrora estaban sus bellos ojos de zafiro, y sin el niño. Estaba cubierta con un raído vestido negro.



VI
Entraron al cuarto que parecía prisión, varios hombres. Un bulto que parecía irradiar un ambiente de perfúmenes de nardos, chisporroteaba alrededor de la celda. Un vaho como incienso se dejaba ver, por el chorro de luz que penetraba por la ventanita con barrotes. La prostituta yacía tirada sin vida al centro del inpace. Desnuda. Sus ojos abiertos miraban hacia el cenit; parecían zafiros. En uno de sus brazos sostenía un niño Jesús in púbiris. Una túnica azul turqueza bordada en oro, cubríale sus partes pudendas. Su demás cuerpo, veíase.

Un pájaro de colores como de Fuego ó Cristal, con las alitas abiertas e inerte, dormía tranquilo a la altura de su corazón.

Cantaron Angeles de Silencio...



Autor: Ricardo Hidalgo Búcaro
3er. Lugar en Prosa
Primeros Juegos Florales "Alba Barrios Archila"
Sanarate, Nov. de 1987.

( Fuente: Revista "100 Años de la Feria Titular de Sanarate, Nov., 1988." )



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