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Sanarate, El Progreso, Guatemala, Centroamérica.

Homenaje a
Víctor Díaz
( Abril 11, 1951 — Diciembre 9, 2007. )
Autor del Escudo Artículo en Sanafer 2006 Recuerdos Vívidos
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Recuerdos de Feria
Ultimo artículo escrito por Víctor Díaz Chon
para la Revista de la Feria de Sanarate.
Fue publicado en la Revista SANAFER 2006.

Aquellos que nos quedamos a residir en nuestro terruño, por haber tenido la opción de conseguir un medio de vida que ha posibilitado esa grata oportunidad vivencial, hemos sido testigos de la evolución (casi revolución) que nuestro escenario cotidiano ha experimentado a través del tiempo. Nuestra comunidad ha venido transformándose paulatinamente, con cambios que le han hecho pasar del apacible paisaje pueblerino de antaño hasta llegar a tener visos de una moderna ciudad en ciernes, lo cual es evidente en las costumbres y tradiciones que la población practica, o ha dejado de practicar, para adoptar nuevas corrientes de pensamiento, modas y otros usos, maneras y actitudes, que muchas veces no son del todo convenientes.

Sin ser un extremista conservador, ni rematado vanguardista, sino más bien un atento, imparcial y desapasionado observador con visión objetiva del entorno, me decidí a desempolvar y sacudir algunas telarañas del arcón de los recuerdos que todos guardamos en el algún lugar, no siempre recóndito, de la memoria... en nuestro "disco duro", diríamos en términos informáticos para actualizar nuestro léxico. Y de esa gama de recuerdos que acuden a mi alborotada y alborozada mente, muchos de ellos van acompañados no sólo de las imágenes evocadas, sino de perceptibles olores y sabores que se me antojan íntimamente ligados a ellas. De esa cuenta, vívidas escenas desfilan una tras otra, en las que me parece percibir aquellos memorables aromas de las frutas de la temporada que precede a los festejos feriales de nuestro pueblo, como los jocotes de corona, los chicos, los zapotes, las anonas, naranjas, etc. Así como el olor a las garnachas, carne asada, churros, tacos, enchiladas, tamales y toda esa mescolanza de olores, colores y sabores propios y característicos de la típica cocina callejera de nuestras ferias.

Como preludio a las festividades de la feria sanarateca, siempre hay tiempo para un momento de reflexión y de recogimiento espiritual cuando rememoramos, con un dejo de nostalgia, a nuestros familiares, amigos y paisanos desaparecidos, al celebrar el Día de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, visitando el cementerio local llevando flores y coronas; época propicia para degustar el tradicional fiambre y nuestro ayote en dulce junto a otros platillos de la temporada, para darle su sabor al esperado "Noviembre en Sanarate". Estas tradiciones debieran ser el fundamento de nuestra identidad local, y no dar pábulo a extrañas e importadas costumbres como el mercantilista Halloween que se alienta en las jóvenes generaciones de hoy.

De vuelta a las remembranzas, recorro aquellas viejas calles adornadas "con banderas de papel, verdes, rojas y amarillas", como lo describiera también Joan Manuel Serrat en su "Fiesta"... Y va uno dando tumbos y topetazos entre aquel barullo de gente ataviada con sus mejores galas: estrenando ropa y calzado unos, o con los mismos jirones y descalzos, otros; pero todos imbuidos de un jolgorio que satura el ambiente y lo impregna todo de bullicio y algarabía. El sonido, un bullicio altisonante, apenas nos permite identificar alguna que otra canción o melodía que suenan a todo volumen en las rockolas, mientras las personas bailan, gritan histéricamente en los juegos mecánicos, beben y comen como gente decente en los restaurantes ambulantes, o hay quienes se atragantan y vomitan como en una bacanal romana. Mientras tanto, algún ladronzuelo hace de las suyas hurgando en los bolsillos de incautos o ingenuos paseantes... "Para todos da Dios" dice uno de ellos, sin percatarse de la escena, aludiendo a que en la feria los comerciantes que nos visitan obtienen pingües ganancias.

Pero, recordemos que no solo de pan vive el hombre, porque nuestra feria también tiene su gran connotación religiosa: ¡Celebrar a la patrona del pueblo, la Venerada Virgen del Rosario! Por eso, al llegar el día sábado, es cuando el pueblo estalla en un verdadero maremágnum... Gente de todas las aldeas se da cita en el campo ferial que circunda el templo parroquial, acompañando fervorosamente a la magna procesión popular que trae de visita a las imágenes de la Patrona del Pueblo proveniente de todas las comunidades aledañas. La pólvora truena y retumba incesantemente, mezclándose el humo y el incienso con plegarias y la algarabía del público que presencia y participa del concurrido cortejo procesional que desemboca en el atrio del templo. Después de la visita a la iglesia católica, la gente se desparrama en los alrededores, incrementando la intensidad del ambiente festivo, en una perfecta conjunción de lo que es nuestra fiesta patronal con la feria titular de nuestro pueblo.

Los viejos recuerdos acuden en rápida sucesión, como el "tiovivo" de don Cirilo; así, pasan las "las ruedas" de don Pancho Arriaza, las bullangueras zarabandas en casa de Tomás Rivas, en casa de los Bran Arenas y en el Club, frente al parque, en donde maratónicamente trasnochados y fatigados músicos entonan y desentonan melodías que la gente baila, mientras el lazo pasa, inmersos en un ambiente que amalgama olores, aromas y tufos de índole diversa. Las ventas de pepitoria, mazapán, conservas, bocadillo, manías, churros, algodones de azúcar, panitos de feria, los tamales de doña Chabela de don Adrián, los "chocomiles" de La Tapachulteca, los ponches de leche con su "piquete de indita" frente al atrio parroquial, los panes con pollo... El tiro al blanco de la Abuelita, la champa de juguetes y bagatelas de la "señora brava" frente al corredor de la antigua muni, los visores de ViewMaster, los futillos, las argollas, los boliches, chingolingos en el parque, los pajaritos que adivinan la suerte, las fotos "de cubetazo" con sus estáticos caballitos y desteñidos telones de fondo. "Dalila, la mujer sin cabeza" y demás espectáculos "asombrosos", que perturbaban nuestra mente infantil. Los palenques, así como otras tantas atracciones y diversiones que hacían nuestro deleite... Más de algún amigo también probó dolorosos chicotazos en su espalda por "colacear" subrepticiamente en el carrousel de caballitos.

Es imposible obviar los actos propios de aquellas ferias de antaño: Las alegres albas con tambora, flauta, bombas y cohetes; la tradicional Coronación de la Virgen; la protocolaria investidura de la Flor de la Feria, la Flor del Campo y de otras bellas representantes de la mujer ayotera, así como el formal acto que declaraba inaugurada la feria. Todos estos actos eran amenizados por las bandas civiles de San Agustín Acasaguastlán, o de El Progreso, con sus alegres "dianas" para celebrar los discursos de autoridades y bellas damas. La solemne misa dominical del Comité Pro-Feria, a la que asistía el Concejo local acompañado del comité en pleno, la Flor de la Feria y las madrinas representantes de la belleza femenil sanarateca; lo que me hace recordar que en una de esas celebraciones litúrgicas se estrenó solemnemente la "Misa Autóctona Guatemalteca" del compositor nacional Juárez Toledo, con la participación de la célebre e inolvidable Marimba Orquesta "América" de los Hermanos Marroquín y un coro de juveniles voces sanaratecas de ese entonces, y que realizaron la grabación de esa magistral obra, de la cual se conservan algunos acetatos, incluso en Ciudad del Vaticano.

No faltaban en aquellos tiempos, los emotivos encuentros deportivos de básquetbol masculino y femenino, así como de fútbol, con la participación de verdaderos deportistas sanaratecos que se fajaban por el terruño contra equipos de gran renombre nacional, sin esperar más recompensa que el aplauso animoso y sincero de los coterráneos e intentar el triunfo en la competición, que muchas veces era merecidamente alcanzado. La selección albiceleste en sus días de gloria con sus grandes figuras locales de la época, los equipos de básquetbol "Constelación Sanarateca" y "Juventud Sanarateca" de la rama femenina y "Sharks" de la rama masculina.

Alegres conciertos de marimba, y en una especial ocasión tuvimos el privilegio de disfrutar un memorable concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, gracias a don Ramón Molina, primer violinista de esa ilustre institución musical de nuestro país. También gustaban los programas culturales y artísticos que, aunque modestos, el pueblo disfrutaba grata y gratuitamente.

Había exposiciones artesanales, artísticas y agrícolas donde se presentaban los "ayotes más gandes" de la cosecha del año, tipo calabaza y corneta, expuestos orgullosamente por los agricultores locales; eran muy famosos los cosechados por don Gabriel Clavería. Hoy, el ayote sólo parece figurar en el escudo del municipio, y nada más. ¿Será posible que nuestro emblemático fruto cucurbitáceo está en vías de extinción en su territorio ancestral?  Cabe lamentar la desaparición de los Juegos Florales y las exposiciones de artesanías y obras artísticas como parte de las actividades culturales que se realizaban, así como de la "Media Maratón Sanarate", competencia deportiva que surgió y poco tiempo después desapareció... Y tantas otras cosas que irremediablemente se quedaron en el tintero.

... El eco de las voces y el bullicio se apagan poco a poco, las luces se desvanecen gradualmente y el silencio y la oscuridad invaden la escena, mientras el baúl de los recuerdos se cierra lentamente... Con el tiempo, la feria ha emigrado. El pueblo recupera la calma. Ya no quedan vestigios del paso de la feria, ni los promontorios de basura y porquerías en los callejones. Hoy, los sonidos, el bullicio, las alucinantes luces y las correntadas de gente se desplazan a los extremos del pueblo: Hacia el sur, pueblo abajo, se dirigen al campo de la feria y al estadio. Y van al norte, pueblo arriba, dirigiendo sus pasos hacia el complejo ganadero. Muchos "tuk tuks" transportan tal cantidad de gente, haciendo su agosto en pleno noviembre.

Los escenarios y los protagonistas de la feria son otros: Vaqueros, "cowboys" y "cowgirls" locales e importados, genuinos e imitadores ataviados para la ocasión, pululan por las calles luciendo los jeans tradicionales "Lee", "Levi's", "Wrangler", o los de moda "Oxygen", "Pepe", "Jordache",... con botas y sombreros al estilo texano, anchos cinturones y camisas a cuadros... Llegó el jaripeo. El desfile hípico, hace soñar a algunos con el viejo Oeste norteamericano, y mientras dura el desfile, se sienten protagonistas de un "western" imaginándose como un Roy Rogers, John Wayne o Clint Eastwood, cabalgando corceles purasangres, andaluces, peruanos, appaloosas, árabes, palominos, o simples jacas, rocines y jamelgos de pura estirpe local. Sólo faltan los Winchester y las Colt legendarias, aunque algunos participantes ostentan modernas armas al cinto, desentonando el espectáculo.

Los juegos mecánicos de "Playland Park", los juegos electrónicos o "maquinitas", los juegos artificiales al estilo de "Sky Fire", conciertos internacionales en el estadio con cantantes y grupos musicales de corte internacional más o menos famosos, y presentaciones en el campo de la feria de grupos y cantantes nacionales de prestigio local. Pugna comercial entre las tabacaleras y las fábricas cerveceras, plagan el ambiente con profusa publicidad... La onda de la globalización nos inunda con celulares, e-mails, la internet y toda clase de tecnología que, de punta, pasa a ser común y corriente, para bien o para mal, tornándose accesible para gran sector de la población. La clonación de seres vivos, productos transgénicos, ingeniería genética, el genoma humano, estaciones orbitales, viajes a Marte...

Todo cambia y nada permanece inmutable. Por eso, lo único que cabe esperar es que los cambios que se suscitan en nuestro medio sean propicios para mejorar. Porque el tiempo hace que nuevos vientos soplen, pero nuestra feria titular seguirá atrayendo la atención popular cada noviembre, así como la fiesta patronal continuará su fervorosa celebración durante el mes de octubre, mes de la Virgen del Rosario. Ambas festividades quedaron separadas en el calendario, como el pueblo quedó alejado de la aparatosa infraestructura, pero el espíritu de tradición de nuestro pueblo las ata indisolublemente a su ideario para que pervivan mientras Sanarate exista.

¡Nos vemos en la Feria!
...¡Primero Dios, la Virgen Santísima y la Flor de Ayote!
Sanarate de mis Recuerdos.


NOTA:
Este es el último artículo escrito por Víctor Manuel Díaz Chon
para la Revista de la Feria de Sanarate.
Fue publicado en la Revista SANAFER 2006.


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